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Ríe, no delega y sueña

El gobernador Gerardo Morales es, sin lugar a dudas, el gran ganador de la jornada electoral que pasó, y toda la escena que gestó para celebrarlo así lo demuestra. En ella, no faltaron presenciales nacionales, como las del jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y el senador Martín Lousteau.


Morales tomó la palabra antes que nadie y dio cuenta de porcentajes que aún no habían sido oficializados pero que él ya conocía. Asumió la centralidad absoluta del acto y además de celebrar el triunfo en Capital, con una escueta mención al intendente Raúl Jorge, se ocupó de resaltar las victorias en municipios que no eran gobernados por el oficialismo.


Perico, Monterrico, El Carmen y La Quiaca se inscriben en esa categoría, donde el Frente Cambia Jujuy le arrebató -para algunos impensadamente- al peronismo. "Al PJ le dejamos Palpalá", se mofaban en el bunker de los vencedores. Burlas al margen, Morales le explicó a Larreta que esos triunfos municipales eran la expresión de un cambio que se consolida.


Luego de que hablaran los invitados nacionales, llegó el turno de Carlos Sadir, quien asumió sin verguenzas el rol de delfín de Morales. Esa fue la virtud que lo llevó a ser el elegido como reemplazante y no iba a elegir el día del triunfo para ensayar un perfil más independiente.


Ahora llega, por fin, el momento de centrar la cabeza en la pelea nacional para el gobernador, quien sueña con ser candidato a vicepresidente y guarda como "Plan B" la idea de ser primer suplente a senador nacional. El paso inicial que necesitaba lo logró: un triunfo holgado para ganar minutos en las pantallas durante toda la semana.


Pero, por sobre todas las cosas, dejó en claro que más allá de sus ambiciones, mantiene el poder en Jujuy y no tiene ninguna intención de compartirlo. Por eso ríe.




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