Morales eligió un nuevo enemigo: Demarco

El gobernador Gerardo Morales parece haber dejado atrás la etapa pacifista en la que incursionó durante las últimas semanas a causa de la irrupción del Coronavirus en la Argentina. Luego de haber posado junto al presidente Alberto Fernández, de acompañar públicamente sus medidas y de augurar por el trabajado mancomunado entre las distintas fuerzas políticas, algo cambió.


El primer indicador lo dio el propio gobernador cuando indicó que decidía cerrar el acceso a Jujuy "porque Capital y el Conurbano van a explotar". La declaración no cayó nada bien en el Gobierno Nacional, quien también se enteró por los Medios que Morales proclamaba la necesidad de implantar el Estado de Sitio, algo a lo que el presidente se resiste.


Esa "marcada de cancha" no fue todo, ya que desde el Gobierno Provincial salieron a criticar la concentración que el Gobierno Nacional decidió hacer sobre la adquisición de respiradores. El ministro de Salud, Ginés González García, explicó que la medida tenía que ver con distribuirlos en base a criterios poblaciones y de necesidad, pero Morales no se contentó con la explicación y buscó que rápidamente se instalara la noticia de que la Nación le negaba a Jujuy los respiradores que merecía.


Pero la pirotecnia del gobernador no sólo tuvo destinatarios nacionales, sino que durante los últimos días se dirigió principalmente a minar a uno de sus nuevos enemigos: Luciano Demarco, intendente de Perico. Luego de que se viralizaran fotos en donde multitudes circulaban sin medidas de precaución frente a los puestos, el jefe comunal decidió cancelar las famosas ferias periqueñas: allí vio Morales el hueco para golpear a su ex secretario de Deportes.


Desde el Gobierno Provincial salieron rápidamente a indicar que la venta de alimentos debía continuar su curso normal, ya que así estaba estipulado en los decretos firmados por el presidente para garantizar el abastecimiento. Morales tenía allí dos opciones: brindar ayuda y soporte provincial para que las ferias pudieran realizarse en Perico, o bien cobrarse una vieja deuda con alguien que tuvo la osadía de desafiarlo.


El gobernador eligió la segunda opción e hizo lo necesario para que las ferias tengan rápidas reemplazantes, dotando de recursos a dos administraciones amigas: la de San Pedro, con Julio Bravo y la de Palpalá, con Rubén Rivarola hijo. Resultado: más allá de la pandemia, Perico tendrá ahora competencia en un rubro que es clave para su economía.


El escándalo creció cuando Demarco vio la cobertura mediática que se le estaba dando a la cuestión y salió a pronunciarse en Redes: "Necesitamos de buen periodismo, más aún en estos tiempos tan difíciles. Los periodistas están para reflejar la realidad y formar opinión, no para operar y generar odio.Nosotros no nos victimizamos. Nosotros defendemos la Salud de Perico y en ese sentido van las decisiones que tomamos".


Y luego, como si se hubiera generado poco ruido, apareció un escándaloso audio de la diputada nacional Carolina Moisés, en la que reprocha la actitud del intendente periqueño, lo acusa de estar al servicio del senador Guillermo Snopek y afirma que todo es para el beneficio de Rivarola y Morales, aclarando que "nadie la tiene más grande que él" (sic).


Hace poco, la esperanza de que la pandemia pudiera al menos generar el fin de la grieta política se veía como algo posible. Hoy, parece quedar claro que en Jujuy las disputas entre los adversarios políticos continúan a la orden del día. Y, cabe aclararlo, la afirmación no tiene sólo que ver con fuerzas políticas rivales sino también con las rencillas internas. Porque no hay nada más nocivo que el fuego amigo.


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